Especial Erupción La Palma.

La colada ha inutilizado los canales más importantes de la zona como el LPII y el Dos Pinos- Barranco Los Hombres. “Habrá que plantearse en el futuro el cierre del anillo insular hídrico y reducir los tiempos de ejecución de construcciones hidráulicas necesarias”, Miguel Martín, presidente de ASPA.

Especial Erupción La Palma.

Salvar los cultivos (plátanos en su mayoría) que no se trague la colada del volcán de La Palma en su recorrido por los municipios de El Paso, Los Llanos de Aridane y Tazacorte, solo es posible si se mantiene activo el riego en esta zona. Así lo manifiesta Edelmira Luis Brito, administradora General del Heredamiento de las Haciendas de Argual y Tazacorte, consternada por la complicada situación que vive la isla desde el inicio de la actividad volcánica y el devenir de la agricultura que logre sobrevivir mientras dure la erupción. Conseguirlo, señala, “significa sustentar los ingresos de las familias vinculadas de manera directa o indirecta a la agricultura”, muchas de las cuales ya han perdido sus viviendas en esta catástrofe sin previsión de acabar pronto.

La preocupación es aún mayor con los números en la mano. El plátano es el cultivo más castigado y representa el 35% de la producción de Canarias (148.658 toneladas en 2020). La Palma es, después de Tenerife, la isla que más superficie destina a esta fruta con un total de 2.955 hectáreas de las que prácticamente la mitad, algo más de 1.400 hectáreas conforman el paisaje de los municipios damnificados del que dependen económicamente unas 5.000 familias. El arrastre de la lava, que ha pasado como una apisonadora sobre el terreno, ha hecho desaparecer hasta el momento más de 54 hectáreas agrícolas y se desconoce cuantas más se podrá llevar por delante. Las que siguen en pie soportan -además de las emisiones constantes de gases y ceniza que acaba impregnándolo todo y actuando como una lija sobre la piel de la fruta, afeando su aspecto y dejándola inservible para la comercialización- la rotura de las infraestructuras hidráulicas que ha dejado sin riego a unos 500 agricultores poniendo en peligro su supervivencia económica.

Rafael Lorenzo, ingeniero agrónomo y director de la consultoría Awara que asesora a algunas de las comunidades de regantes afectadas, relata con detalle (hasta la última semana de septiembre, momento en el que se redactó este artículo) el destrozo provocado en las conducciones que daban servicio al regadío al sur de la colada. Comenzando desde el centro hacia la costa de la cara oeste de la isla quedaron sepultados e inservibles para el riego dos de los canales públicos más importantes de la zona como el LPII y el canal Dos Pinos- Barranco de Los Hombres. El primero transportaba agua de norte a sur de la isla para distribuir a la zona de cultivos de El Manchón, y en cuyo recorrido resultaron afectados más de 500 metros de longitud. El segundo repartía agua a particulares, pero en el último tramo suministraba a la balsa de Cuatro Caminos, una de las dos existentes en Los Llanos de Aridane que, en el momento de la erupción, se encontraba a la mitad de su capacidad permitiendo a los agricultores uno o dos riegos.

Otros canales como el de Argual-Triana, que repartía agua a pequeños embalses, también inoperativo en más de 300 metros, no tuvo tanta repercusión al existir alternativas para las zonas de riego, mientras que el canal intermedio, destruido en la cola, sí que conformaba una de las principales fuentes que abastecía a la red de riego de Las Hoyas y El Remo, sin olvidar los canales de Tenisca, próximos a la costa, ya desaparecidos. Lorenzo apunta que “a todo esto se suma que el volumen de los embalses no estaba en su máximo nivel en el momento de la erupción ya que tras, decretarse la alerta amarilla, se prohibió el llenado de estas construcciones por peligro de rotura”.

Por los cálculos de la consultora Awara, en función de las redes de riego sin servicio y cotejando los datos con el mapa de cultivo de La Palma, estiman una superficie de cultivo de cerca de 500 hectáreas, principalmente platanera, que se han quedado sin suministro de agua. De esta superficie, el mayor número de fincas se encuentra en Las Hoyas y El Remo (297 Ha.), Cuatro Caminos (86 Ha.), Dos Pinos (44 Ha.), El Manchón (12 Ha.) y Cruz Bermeja y Las Haciendas (28 Ha.). Lorenzo destaca el “esfuerzo sobrehumano de los agricultores para llenar los estanques y minimizar los cortes de agua de las fincas y la solidaridad con aquellos que no contaban con estanques propios”.

La llegada a la isla de las dos desaladoras portátiles que, según las previsiones del Consejo Insular de Aguas, estarán operativas en unas semanas para bombear agua hasta la red de la costa y la zona alta de Cuatro Caminos, pondrá a disposición de los agricultores un volumen de 10.000 metros cúbicos de agua desalada diaria, que se complementará con un buque cisterna venido de la Península y otras actuaciones como extracciones de caudales de pozos. El director de Awara sostiene que los estudios realizados por su consultoría apuntan a la necesidad de un caudal superior, de 15.000 metros cúbicos al día, para para garantizar la agricultura de la zona.

Awara defiende, apoyados por algunas comunidades de regantes, otra alternativa para devolver el riego a la zona, consiste en prolongar el canal sur Barlovento - Fuencaliente (LPI), que llega a la balsa de La Caldereta, hasta el Valle de Aridane a través de un bombeo desde Las Caletas al pie del canal LPI. Ese bombeo discurriría hasta la parte superior del campo de fútbol Los Canarios donde se instalaría un depósito. En ese punto, se introduciría una tubería a lo largo de la carretera LP2, desde Fuencaliente al Valle de Aridane para llegar a Cuatro Caminos empatando con el canal LPII. “Ese canal de bombeo nos permitiría obtener un caudal de 600 metros cúbicos hora que casualmente coincide con el consumo de agua de esa zona agrícola aislada por la colada volcánica”, declara Lorenzo. “Prolongar el canal del sur, sería una alternativa más económica y, simplificando los trámites, podría estar operativo en seis meses, pero su ejecución se podría compatibilizar con la desalación mientras dure la erupción”. El proyecto fue rechazado como obra de emergencia por el Consejo Insular de Aguas de La Palma, pero existe la posibilidad de que sea aceptado dentro de los cauces normales administrativos.

Otras propuestas hidráulicas, conocidas como perforación horizontal dirigida, también se han planteado. El proyecto consistiría en introducir tuberías por debajo de la colada y cruzarla. “La ventaja es que puedes ir moviendo la cabeza de perforación a un lado y a otro, pero el equipo electrónico tan solo soporta 80ºC y resultaría inviable realizarlo bajo coladas a 1.200 grados de temperatura y con un espesor de hasta 16 metros. “No es imposible, pero nunca se ha hecho, sería muy complicado de ejecutar y requiere de una maquinaria específica y muy cara”, explica Lorenzo.

Para Miguel Martín, presidente de la Asociación de Agricultores de La Palma (ASPA), es el momento de reflexionar sobre obras que el sector ha venido demandando de hace tiempo como es el cierre del anillo insular hídrico y que, a día de hoy, no se han ejecutado y que, “de estar operativo, habría ayudado a paliar el déficit hídrico que ahora tenemos tras la erupción. Habrá que plantearse en el futuro la necesidad de realizar este tipo de obras, por muy caras que resulten, pero también de acortar los tiempos de ejecución en la construcción de balsas prioritarias para que no tengamos que esperar veinte años a verlas operativas”.

Martín pone el acento, además de en las obras hidráulicas, en otros aspectos para mantener el sustento económico de los agricultores. Es prioritario recurrir a los ERTE para mantener el empleo en los empaquetados, transportes y empresas vinculadas al sector agrícola, articular medidas que valoren las mermas de producción de los productores de plátanos, mantener los históricos y pagar la diferencia porque “está claro que al final es un producto, que por los daños sufridos por la ceniza, no puede ir al mercado”, plantearse la recuperación de todas las infraestructuras agrícolas (invernaderos, estanques, riego, viarias, públicas) cuando acabe la erupción y abonarle una indemnización a los afectados sean agricultores de plátano, aguacate, viñedo, hortícolas o ganaderos.